Prefacio para el libro La fotogalería del Rojas 1995-2005. Libros del Rojas. Eudeba
La Fotogalería del Rojas, Por Alberto Goldenstein


La idea de la Fotogalería, en principio, fue intentar crear un espacio que tuviera que ver con la especificidad de la fotografía, pero que al mismo tiempo también se “cruzara de vereda”; una Fotogalería que diera lugar a cosas que aún no tenían lugar, y que de alguna manera las contuviera, les diera un espacio de desarrollo, de proyección. En general el interés de las Fotogalerías de aquel momento había quedado muy ligado con la tradición fotográfica, era un interés más bien documental, más bien ensayístico, y en ese momento incluso gran parte de las muestras utilizaban el blanco y negro, y eran muestras grandes, con muchas fotografías. El espacio que teníamos en el Rojas era mucho más chico, más acotado. La idea era intentar producir muestras, exhibir muestras que trabajaran más sobre el color, y en las que la presencia del ensayo fuera mucho más relativa, que se jugara entre la serie y la foto única. Es decir, pocas piezas y de un mayor formato. Que también se liberaran de ciertos cánones presentes hasta ese momento, de ciertas preocupaciones como la calidad de la copia, la definición, el foco, etc., una cantidad de cuestiones que siempre estaban muy por delante en la evaluación de una fotografía. En realidad todo deriva de una experiencia muy personal; no es que yo tuviera una idea demasiado política o demasiado general sobre lo que tenía que ser una fotogalería. La idea salía de responder a mis propios deseos, a mis propias preocupaciones. También era una manera de generar interlocutores, se trataba de que yo quería hablar de la fotografía en los términos que me interesaban, y en realidad me costaba eso en aquel momento dentro del mundo de la fotografía. En ese sentido, siempre encontré un tipo de afinidad más movilizante en mi relación con los artistas plásticos. A mí me interesaba mucho la mirada que ellos tenían sobre la fotografía. También me interesaba el hecho de que, obviamente por una cuestión de historia la pintura, sobre todo en el transcurso del siglo XX, se había ido liberando cada vez de más cosas. De la corrección técnica, de la representación,etc. En fin, me parecía que en la fotografía faltaba liberarse de las preocupaciones de las que la pintura ya se había liberado. Me interesaba ese diálogo con los artistas plásticos, a quienes ya no les impresionaba la calidad técnica, sino que veían otro tipo de cosas en la fotografía y en ese sentido coincidían conmigo. Ese diálogo con los artistas no fotógrafos me pareció muy rico y diría que también fue hasta algo casi profético, en el sentido de que coincidía con un momento histórico en que la fotografía se empezaba a instalar firmemente dentro de las artes visuales y en el que los artistas plásticos empezaban a utilizar la fotografía.

Entonces, los interlocutores aparecieron. De hecho, estaban ahí. Había gente que ya estaba produciendo, que tenía preocupaciones similares a las mías, pero que no tenía posibilidades de desarrollarlas porque sus fotografías por momentos estaban cercanas al mamarracho, y no iban a ser exhibida en otras fotogalerías. Y a mí me parecía que el contexto de la Fotogalería del Rojas, con la Galería de Arte del Rojas como vecina, el Centro Rojas mismo y demás, eran el espacio ideal para que ellos pudieran mostrar lo que hacían y pudieran sentirse contenidos, avalados, o legitimados de alguna manera. Los interlocutores aparecieron inmediatamente porque de alguna forma ya estaban, aunque no se los viera ni se los escuchara. En la Fotogalería también estaba incluida la idea de la legitimidad. No me interesaba solamente formar un espacio en el que se mostraran cosas “locas” o “incorrectas” sino que además estuvieran hilvanadas con cosas más legitimadas, para conformar una especie de contexto referencial, de espacio legitimador. Yo creo que, por suerte, eso se logró porque primero mostré a fotógrafos de mi generación que ya venían produciendo muy bien: Marcelo Grosman, Res, Alessandra Sanguinetti, Julio Grinblatt, Marcos López, Alejandro Kuropatwa, entre tantos otros. Traté de ser muy abierto, muy “disperso” si se quiere, en la selección de obras o de fotografías. En realidad creo que tenía que ver con una idea yo diría intuitiva, improvisada, de cómo se forma un espacio institucional. En relación con la Fotogalería, siempre traté de cuidarme de mi gusto personal, en el sentido de relativizarlo mucho, de limitarlo. No negarlo porque de ninguna manera puede negarse el gusto personal, que siempre es como un motor, una línea, pero también dar un marco a esa idea de gusto personal, un marco que lo exceda. No olvidar que se trata de la Fotogalería del Centro Cultural Rojas de la Universidad de Buenos Aires, asumir ese rol con decisión propia pero también con responsabilidad. Entonces elegía cosas que me parecía que tenían que estar, no sólo porque me gustaran, sino también porque le daban una significación al contexto.

En cuanto al marco generacional de quienes expusieron en la galería, creo que por las características propias de la producción del arte en Argentina, hay de todo. De hecho existen artistas que empezaron a producir de más grandes, con lo cual, artísticamente son jóvenes y cronológicamente son menos jóvenes. Pero siempre pretendo una cierta madurez mínima. En realidad prefiero fotógrafos que estén más en los treinta que en los veinte, me parece mejor para la fotogalería que los artistas tengan cierta madurez cronológica.

Con respecto al contexto internacional, traer muestras de afuera me hubiese encantado, por supuesto. Pero nunca hice los contactos necesarios ya que, por otra parte las muestras de importantes fotógrafos son complejas por el tema de los seguros y de las condiciones que requieren las muestras de esas características. Siempre tuve y tengo en cuenta los límites presupuestarios y las condiciones de la UBA en general para no asumir riesgos graves. Ahora claro, sin duda alguna hay muestras que a mí me encantaría traer o curar. Hay un par de muestras itinerantes, por ejemplo, la de Eugène Atget, que no se vio nunca en nuestro país, pero son colecciones de Fundaciones que tienen exigencias museísticas muy estrictas, y el Rojas no podría haber respondido satisfactoriamente a eso. Pero bueno, me hubiese encantado presentar una muestra de Atget, como también me hubiese encantado traer una de Richard Avedon o de fotografía modernista americana o europea. Creo que hay un gap, o un agujero dentro de lo que se vio en fotografía en nuestro país; se ve mucha obra contemporánea pero hay una fotografía previa que no casi no se ha visto. Sara Facio trajo algunas muestras de artistas internacionales, pero me parece que estaría buenísimo realizar una muestra contundente de algunos de los artistas que yo más admiro: Garry Winogrand o Diane Arbus.

De todos modos, la producción de afuera no influyó en la Fotogalería. Al contrario, a lo largo de su desarrollo, me fui sorprendiendo de que cuando viajaba, o alguien venía de afuera y veía nuestras muestras, me decían: “Esto es lo que se está viendo en Nueva York, o se parece a lo que se ve acá o allá, etc.” Lo cual me parecía fantástico, pero creo que era producto de formar parte de la contemporaneidad, pero para nada fue una influencia; nunca lo fue. Yo me formé en los Estados Unidos como fotógrafo, y creo que eso es una marca importante, sin duda. Me formé con una distancia, con un tipo de mirada distinta a la que había acá, pero después ya no miré demasiado lo que estaba pasando afuera. Sólo respondí a mi propia idea, esa es la verdad.

Otro aspecto importante que cambió la fotografía en estos años fue la aparición de cámaras digitales y los programas de edición fotográfica. Y eso se vió en la Fotogalería, que le dio un lugar desde el principio. Incluso a obras completamente alteradas digitalmente. Nunca tuve problemas con eso. Tengo que aclarar que si bien mis preocupaciones eran distintas, eso no quiere decir que yo no tuviera exigencias en cuanto al rigor técnico. Al contrario, me parece que cierta rigurosidad fue siempre una condición necesaria y fundamental en las muestras. Busco ese rigor, completamente. Precisamente es por la ambigüedad de la imagen fotográfica, creo necesario ver ese rigor en algún plano. Pero también, la carga está puesta en el sentido por sobre todas las cosas. Como un corrimiento, un salir de la idea del virtuosismo de cualquier índole para entrar en otro tipo de preocupaciones. Y lo digital forma parte de lo mismo. La corrección o incorrección técnica, la manipulación o no manipulación digital, siguen siendo para mí algo subalterno con respecto al sentido.

Y con respecto al devenir de la Fotogalería en particular, y el lugar de la Fotografía en el contexto de las artes visuales, en general, constantemente vuelvo a poner en crisis la vigencia de la idea de un espacio específico para la fotografía. Pero esa crisis se me disipa cuando aparecen obras, cuando aparecen artistas o una demanda concreta de este espacio y me doy cuenta de que la especificidad de la fotografía todavía sigue existiendo. A pesar de que la fotografía se diluye dentro de las artes visuales, al mismo tiempo todavía conserva alguna característica propia, a tal punto que provoca el comentario: “¡Cuánta fotografía!”. Hay algo propio de la fotografía que parecería ser específico, parecería que sigue teniendo una entidad particular, de género. Y yo creo que es así, creo que es real, creo que hay una serie de cuestiones que tienen que ver con los procedimientos, con las técnicas, con el acto fotográfico en sí mismo, con las diferentes versiones de la fotografía, que la vuelven específica y que sigue siendo así. Asimismo me parece que paralelamente existe la demanda de una mirada especializada sobre fotografía. Me doy cuenta de esto cuando doy clínicas para artistas visuales que trabajan con la fotografía y ellos vienen deseando el punto de vista del fotógrafo sobre su obra. O sea que hay algo que tiene que ver con la mirada especializada que también parecería sostenerle un sentido a la existencia de una fotogalería. Así que, en la medida en que esos sentidos sigan vigentes, las fotogalerías seguirán cumpliendo su rol.

(Testimonio especialmente ofrecido para el libro La fotogalería del Rojas 1995-2005.)